Viendo anime: Botan Kamiina Fully Blossoms When Drunk

De entre las decenas de animes que se estrenan cada temporada, a veces cuesta diferenciar qué es interesante. Qué va a destacar o a mostrar algo original y distinto. La temporada de primavera ha estado muy cargada de animes interesantes, pero con el que me quedo especialmente es con uno de chicas universitarias que viven en una residencia juntas, maduran, salen por ahí y beben alcohol: Botan Kamiina Fully Blossoms When Drunk.
Durante esta reseña voy a dar pinceladas generales sobre las relaciones entre los personajes. Alguno se podría considerar spoilers ligeros, pero pienso que no puedo dar mi opinión real del anime sin entrar en estos detalles que son primordiales. Aunque creo que no destripan ni destrozan la experiencia, ahí queda el aviso.
La historia arranca con Botan Kamiina, una chica en su primer año de carrera. Acaba de empezar a vivir en una residencia donde, de momento, tiene que convivir con desconocidas. Sin embargo, Botan es una persona alegre, amable y divertida, por lo que no tarda mucho en hacer migas con el resto.
Del grupo de la residencia destaca Ibuki, una chica más tímida, a la que le gusta ir más a su rollo. Además disfruta de su hobby a solas: las bebidas alcohólicas. ¿Que por qué bebe a solas? Porque cuando bebe, no puede evitar hipar. Aunque pueda parecer una tontería, en el pasado tuvo una experiencia en la que algunas compañeras le decían que era desagradable, por lo que decidió que no volvería a beber con gente.

Sin embargo, esto cambia con Botan, que no había probado una sola bebida alcohólica en su vida. Botan la pilla bebiendo a escondidas y, lejos de molestarse por su hipo, muestra interés sobre la bebida que está tomando. Ibuki le explica qué bebida es, y le da de probar a Botan. Nace así una relación que empieza siendo amistad, y termina, de forma gradual y muy natural, en algo más.
El resto del elenco está formado por chicas que no pueden ser más distintas, pero que funcionan súper bien en conjunto. Al final, terminan formándose parejas que muestran, de manera bastante interesante y curiosa, el amor en distintas facetas.
Por un lado tenemos a la pareja que se roba la serie y que es claramente la protagonista: Botan e Ibuki. Representa cómo se va forjando el amor. Aunque en un primer contacto el interés era solo conocerse y no profundizar, con el tiempo empezaron a pasar cada vez más tiempo juntas. Ibuki encuentra a alguien con quien poder disfrutar del alcohol sin preocuparse, siendo ella misma. Botan, por su lado, encuentra a alguien en quien confiar, en un apoyo en su primer año fuera de casa.
Cada vez se van haciendo más y más íntimas, compartiendo sus aficiones la una con la otra. Hasta que llega el momento en el que ambas se cuestionan qué son la una para la otra de verdad, y si quieren dar el siguiente paso. Todo sucede de manera súper natural, casi sin darte cuenta. No hay grandes planes de conquista, no hay una gran cita preparada para ganarse el corazón de la otra. Solo dos personas que, poco a poco van sintiéndose más cerca la una de la otra.

Una pareja que está formada desde el inicio de la serie es la compuesta por Yaeka y Akane. Ambas se encuentran en las últimas etapas de su carrera universitaria y se conocen desde hace mucho. Van a todo tipo de sitios juntas y hacen muchos viajes. A diferencia de Botan e Ibuki, entre ellas se respira una confianza total y absoluta al segundo de salir en pantalla, con una forma de tratarse típica de personas que llevan tiempo juntas.
Esta pareja también tiene que enfrentarse con sus problemas, Akane es un poco más libre y Yaeka suele requerir de más atención por su parte. Este amor, visto desde el punto de vista más cotidiano, se transmite perfectamente en las escenas que protagonizan. También tienen inquietudes distintas, pero propias de personas adultas, cosa de agradecer en un anime, que tienden a infantilizar muchas veces hasta a los personajes adultos. Akane siente que la carrera que está a punto de terminar y el futuro que se le había planteado quizá no sea lo que ella quiera, mientras que Yaeka se encuentra más cómoda con sus perspectivas de futuro laboral.
Por último, la pareja formada por Kanade y Chin-lan Chang. Kanade está haciendo prácticas de empresa y a punto de finalizar su carrera universitaria, mientras que Chin-lan Chang es una estudiante taiwanesa de primero que acaba de llegar a Japón para formarse, por lo que se encuentran en etapas de su vida distintas.
La relación entre ambas es interesante porque, para hablar de su amor, hay que hablar del desamor: y es que Kanade lleva años detrás de Ibuki. Años tratando de compartir con ella una copa, pero sin frutos. Por ello, cuando llega Botan y esta consigue no solo beber con Ibuki, sino hacer mil planes con ella, Kanade se siente desplazada. A pesar de ello, no tira la toalla y sigue intentando acercarse a ella.

En medio de esta situación, Chin-lan Chang llega a la residencia. Terminan pasando mucho tiempo juntas un poco por inercia, ya que Ibuki se pasa el día haciendo planes con Botan, mientras que Akane y Yaeka son uña y carne. Pronto descubren un nexo común, ambas tienen un gran interés por la cultura, los libros y el cine. Cada vez empiezan a verse más, a hacer más planes y a disfrutar de estar juntas. Es muy interesante porque ves, de manera sutil, como Ibuki empieza a vivir menos tiempo en la mente de Kanade y, aunque todavía le cueste verse con otra persona, se va abriendo más a la posibilidad de ir más allá con alguien.
Esa sensibilidad costumbrista no está solo en el guion, sino también en la puesta en escena. El opening, que lleva el tema «Mebuku Toki», cantado por «yonige», está acompañado por una especie de videoclip casero grabado por una antigua cámara, lo que ya nos da pistas del tono costumbrista de la obra. Incluso en la versión subida a Youtube, el formato se convierte en 4:3 y hay unos segundos adicionales en los que podemos ver cómo alguien empieza a grabar, e incluso hacia el final hace señas para dejar de grabar. Una forma muy interesante de decir mucho con un tema que, además, no puedo quitarme de la cabeza.
Los endings tampoco se desperdician en esta serie, y se usan como recurso narrativo. La canción es la misma en la mayoría de episodios, un tema llamado «Kanjou Glass», pero está cantado en cada episodio por las distintas actrices de doblaje. Lo más interesante es que, además de esto, a la canción le acompañan una sucesión de ilustraciones de estilo dibujo que narran historias sobre los personajes: cómo se conocieron, qué les depara el futuro próximo o de dónde nacen sus aficiones. Así, al final de cada episodio en lugar de saltarte el ending, como es lo habitual, te quedas viendo con qué última historia te va a sorprender la serie.

Mención especial se merecen los episodios 3 y 6, dirigidos por Katsuya Shigehara. Sin romper la coherencia visual, estos episodios ofrecen un estilo distinto, un dibujo como si fuera bocetos, con líneas más sucias y con movimiento, como si temblasen. Incluso se permite el lujo de dejar algunas escenas como si fueran páginas de un storyboard, para transmitir un sentimiento de relajación de forma muy original.
No puedo terminar sin comentar lo cuidados que están las ilustraciones que sirven de eyecatch, que dividen el episodio en partes. Todas las ilustraciones son súper cuidadas y demuestran el nivel de mimo que ha tenido este anime.
Recomendado
Voy terminando, que me enrollo más que las persianas: «Botan Kamiina Fully Blossoms When Drunk» es un slice of life que entiende de verdad el valor de los momentos cotidianos. Sus personajes tienen personalidad, mundo interior y una naturalidad que hace que parezcan personas que podrías conocer en tu día a día. Me ha sorprendido gratamente. Si te gustan los animes introspectivos, cálidos y de cocción lenta, esta es una de esas series pequeñas que acaban floreciendo sin que te des cuenta.

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